O Alentejo litoral

El Alentejo litoral, balizado por áreas naturales de la mayor relevancia y por una franja costera dominada por una playa de más de 70 Km. De longitud, entre Troia y Sines es una región por donde pasaron algunas de las grandes civilizaciones de la antigüedad (fenicios, romanos y árabes que, por aquí, fueron dejando testigos marcados de su presencia.

El río Sado y su Reserva Natural son, en esta región, los exponentes máximos de un patrimonio natural de la mayor importancia, donde la villa de Alcácer do Sal juega un papel de gran centralidad.

El patrimonio cultural, el clima, el paisaje y la gastronomía, son también factores de gran atractivo que hacen de este territorio, auténtica puerta de entrada al Alentejo, el escenario ideal para una visita prolongada.

rio_sado

Navegando desde tiempos lejanos hasta los lugares más remotos, el río Sado, de aguas tranquilas y tranquilas, fue durante muchos años la gran vía de penetración en el Alentejo, habiendo atraído diversas civilizaciones de la antigüedad, especialmente fenicios, romanos y árabes.

A través de él circulaban mercancías y personas que, con recurso a embarcaciones a vela, conecta los puntos más inaccesibles del interior Alentejano a los centros urbanos más desarrollados, en particular Alcácer do Sal y Setúbal.

El desarrollo de los transportes terrestres, en la primera mitad del siglo pasado, le sacó el interés económico como vía de comunicación, ganando actualmente una nueva dimensión en el contexto de las actividades marítimas, a través de las cuales es posible conocerlo, incluso en sus rincones más inaccesibles.

Vale de Guizo es una pequeña aldea situada junto al río Sado, por donde circularon, hasta mediados del siglo XX, personas y mercancías, desde y hacia el interior del Alentejo.

Era, en tiempos idos, cuando el río era la vía de comunicación usada entre el Litoral y el interior alentejano, la interfaz de apoyo a la Villa de Grândola.

Vale de Guizo, al igual que otros lugares a lo largo del Sado, perdió su importancia comercial de otros tiempos, presentando, sin embargo, un interés creciente en el ámbito del turismo fluvial, tal la belleza de su recorrido, dominada por rincones y paisajes absolutamente inesperados donde la tranquilidad de la naturaleza envolvente nos lleva serenamente hasta el interior alentejano.

Alcácer do Sal es una ciudad antiquísima, con una ocupación humana que retrocede a la Edad del Bronce ya la Edad del Hierro, habiendo sido ocupada por Fenicios, Romanos, Visigodos y Árabes (Los árabes en el Sado).

Durante el período musulmán, que terminó en 1217, Alcácer do Sal junto con Palmela y Sesimbra, formaba parte de una línea de defensa militar que permitía controlar, al sur del Tajo, un vasto territorio terrestre, marítimo y fluvial, desde el océano atlántico hasta bien al interior de la llanura alentejana, siendo una importante base militar naval.

A pesar de la importancia reciente en la producción de sal, Alcácer do Sal, con cerca de 6 mil habitantes, tiene hoy en la producción de piñón y en la cultura del arroz, dos de sus más importantes actividades económicas.

Atravesada por el Sado, Alcácer es una de las más bonitas villas del Litoral Alentejano, donde el interés de su historia se asocia a su gastronomía, a su artesanía ya sus gentes hospitalarias.