La bahía de Setúbal forma parte del Club de las más bellas bahías del mundo.

Se trata de una bahía de aguas serenas dominada por el estuario del Sado, la Sierra da Arrábida y la península de Troia, y caracterizada por su belleza paisajística, por sus grandes potencialidades en términos turísticos y por la importancia natural de su entorno (Reserva Natural del Sureste Estuario del Sado y Parque Natural de Arrábida) que la convierte en un lugar único con una herencia natural excepcional a nivel internacional.

La bahía de Setúbal, donde el río Sado y las aguas del mar se encuentran, es un lugar que nos invita a todo tipo de actividades náuticas de deporte, recreación y ocio y donde la comunidad de delfines nos podrá hacer la sorpresa de su aparición y manifestación de bienvenidas.

Setúbal, ciudad con cerca de 120.000 habitantes, es el principal centro geográfico y administrativo de toda la región del Sado y Arrábida.

La ciudad, que ya fue de la sal, de las conservas de pescado y de los naranjales, es hoy, cada vez más, una ciudad donde el turismo desempeña un papel fundamental, dadas las condiciones excepcionales de esta región para la atracción de turistas a lo largo de todo el año.

La bahía de Setúbal y el estuario del Sado, que delimitan toda su zona ribereña, así como su puerto de aguas abrigadas, sostienen un conjunto de actividades, de las cuales la pesca, aunque sin la pujanza de otros tiempos, todavía se mantienen, y con la que está relacionada con la base de la gastronomía de la ciudad.

La ciudad de Setúbal, también conocida como “la ciudad de Río Azul” está dotada de excelentes unidades y equipos de hostelería y restaurante, bares y terrazas y es uno de los destinos turísticos más deseables en Portugal.

La península de Troia es uno de los elementos fundamentales del paisaje del estuario del Sado y de la bahía de Setúbal, constituyendo una de las entradas principales en toda la zona del Alentejo Litoral.

Se trata de un lugar de contrastes donde la modernidad del desarrollo turístico contrasta con una ocupación romana de más de 2000 años (Los romanos en el Sado), donde sus islas y playas oceánicas de arenas blancas contrastan con la laguna interior de la Caldera de Tróia, un auténtico santuario para las aves, y donde no faltan las tradiciones religiosas, consagradas en las fiestas anuales dedicadas a la Sra. De Troia.

En el tiempo de los romanos, Tróia fue un gran pueblo, cuyos ocupantes se dedicaban a la recoja de frutos del mar, mariscos y otros productos y su preparación y expedición, constituyendo el más importante centro de salazón de pescado de todo el Imperio Romano de occidente.